ENTRADA ANTICIPADA: 6€   TAQUILLA: 8€   Puntos de venta: Elepe Discos, Bar Princesa, woutick.es

 

Anita Parker nace entre Arrasate, Bilbao y Lakuntza. Ane Martínez estuvo anteriormente en Zango, Olatz Andueza en Skalariak, e Iñaki Bengoa y Jon Zubiaga Osoron acumulan la experiencia vital de Gose. Anita Parker se ha grabado en los estudios Shot durante julio y agosto de 2017, el mismo laboratorio musical utilizado habitualmente por Gose. y Jonan Ordorika lo ha masterizado en Mamia estudios.

Su disco de presentación se mantiene perfectamente con las seis canciones que lo componen, aunque ya hayan grabado otras seis para más adelante, sumando así un repertorio de doce canciones para el directo. Algunos de los colaboradores que se han acercado al estudio son Ricardo Altuna, Arkaitz, John Kaimán, Zigor, Inazio Olaizola y Koldo. Anita Parker es juguetona en su primer disco, trazando un swing de tormenta festiva perfecta, capaz de poner de buen humor la situación más agria.

La Furia nació en el 83. Desde niña tenía una visión combativa, luchadora y feminista. Es decir, que era una chica lista. Pero además, tenía un profundo sentido artístico (muchos dirían poético) de la vida, de sus vivencias… Y la eclosión de todo esto dio como resultado un fenómeno en ebullición que tuvo que inventar espacios y experiencias. Porque no, no había lugar para el rap de mujeres. Así que La Furia, la que conozco yo, nació en 2013 con un disco salvaje, “No hay clemencia” que tuvo que inventar sus propios códigos, después de atreverse a actuar en escenarios donde nunca había habido mujeres.

Hablaba de incomprensión, de anarquía, de feminismo, de rabia deshilvanada en rimas certeras e hirientes.

Ahora La Furia vuelve, sin haberse ido jamás, y ha parido un “Vendaval” mucho más trabajado aunque igualmente combativo.

Abre con una intro de imposible saeta gregoriana que precede a “Lo llamáis cielo”, toda una declaración de guerra que continúa con la envolvente “Bruja del norte”, mucho más sombría. Después, en “Cachorras” La Furia da cuenta de sus influencias raciales (Si, le gusta la rumba, el soul, la copla y las copleras). “Mi silencio” es una personalísima oda a la sordidez que hace gala a la vez de una tremenda finura. “Aunque duela” con sus dejes morunos, es nostalgia pura; para después en “Llegando a casa” adentrarnos en la oscuridad de las mazmorras del alma, esas que sabe describir tan bien La Furia. “Quisiera vivir” resulta todo un himno empoderante y “El diccionario de la mala vida” es absolutamente reveladora al decir “Quiero saber más de mi que de nadie…” Porque eso -eso y mucho más- es La Furia. Es un discurso ametrallado con violencia; es una verdad a medio revelar; es una joya tosca y brillante…

Hay mucha verdad, mucho vómito personal, pero el sonido tiene algo de claro y manso: Una producción a cargo de Iñaki Bengoa, grabado en los estudios SHOT de Arrasate (Gipuzkoa), con la impronta salvaje y decidida de La Furia.