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Rubén Pozo inicia su gira “Habrá que vivir” Vuelve Rubén Pozo, vuelven las guitarras afiladas, vuelve el rock y vuelve la carretera. Con una fórmula tan sencilla como efectiva, Rubén Pozo reaparece con un álbum de esos que pegan directo en el corazón: sin rodeos, a golpe de guitarras y estribillos burbujeantes. “Caperucita feroz” es el primer adelanto de este su tercer trabajo, que ha visto la luz el 20 de octubre, en sus versiones CD, vinilo y digital, y que lleva por título “Habrá que vivir”. Cinco años después de iniciar su camino en solitario, entrega Rubén un álbum sin fisuras, sólido, convincente. Generoso también, y rebosante de eso que los especialistas llaman actitud, un intangible que define a la perfección la forma que tienen tipos como Rubén de enfrentarse a la música y particularmente al rock. Es el nuevo trabajo de Rubén Pozo después de En marcha, el álbum de 2015 en el que exploró el rock desde una amplia variedad de ópticas: del folk a la ranchera, en acústico o eléctrico, acelerado o con el freno puesto. Fue un disco de aire californiano, con guitarras que guiñaban el ojo a Tom Petty o The Byrds. No abandona del todo esa influencia americana en “Habrá que vivir”, un disco cien por cien Rubén Pozo, más madrileño, más pegadizo. Y también más divertido, por qué no. Este Caperucita feroz es una buena muestra, casi un juego con el que Rubén entretiene y se entretiene, sin perder de vista que el rock es el punto de partida y el objetivo final de sus composiciones. Auténtico rock, como se ha dicho tantas veces, en la línea de un estilo que tejieron bandas como Burning, Leño o Tequila. Prescinde Rubén de las versiones en esta nueva entrega, aunque haya recurrido a la colaboración de Ariel Rot en uno de sus temas. Algo del poso que le ha dejado la gira con Mark Olson, ex de The Jayhawks, se desprende también de sus canciones. Y mucho del escenario acumulado después de tantos conciertos en salas de España y México en los últimos dos años. En Marzo inicia su gira “Habrá que vivir”, para recorrer todos los escenarios del territorio nacional. Tenemos garantizada, otra entrega de buen rock.

Javier Miñano nació en Murcia aunque vivió en la ciudad de Elche (Alicante) hasta que cumplió los 27 años.

Su pasión por la música nace de muy joven, allá por sus 14 años, y más concretamente, en una de esas tardes de calor en la que compartía, junto a su hermano y el televisor, con un vídeo de un tal Bob Dylan: entonces supo con inevitable certeza que quería ser como aquél tipo que cantaba sus propias canciones.

Desde aquel momento se dedicó a buscar discos viejos por su casa, alimentando día tras día aquella inquietud por la música, por escuchar canciones que más tarde se convertirían en auténticos referentes musicales para él: Ziggy Stardust, de David Bowie, uno de sus discos preferidos, los discos de Tom Petty, The Byrds, The Rolling Stones, Kiss, Alice Cooper y tantos otros…

Motivado por tales sensaciones comenzó a tocar una antigua guitarra que pertenecía a su hermana mayor, quien le enseñó sus primeros acordes. A los 17 años tuvo el coraje de montar su primer grupo de música con un compañero del instituto y, como era difícil encontrar bajista y cantante (además de guitarra, batería y teclados), se sortearon quién debía tocar qué: la casualidad o la suerte hizo que se le adjudicaran ambas cosas. Esto sirvió para encontrarse con el instrumento que luego estudió y con el que se formó: el bajo eléctrico.

Cumplidos los 27 años y con algunas bandas de rock&roll a sus espaldas, abandonó el despacho de ingenieros donde trabajaba y se trasladó a Madrid para estudiar música. Ingresó en la escuela de música Atteneo Jazz de Madrid con Félix Santos como tutor. Entró y salió de varias formaciones hasta que un buen amigo le impulsó a tocar y cantar sus propias canciones.